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La Biología de la Adicción

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Desde Stay Healthy, os queremos hablar sobre la biología de la adicción y para ello, contamos con Ana Laura Fernández Perone, neuropediatra en el Hospital Quirónsalud de Madrid.

La adicción es una enfermedad del cerebro compleja y duradera, con frecuente riesgo de recaídas a pesar de la buena respuesta a los tratamientos. Hay bases biológicas que explican porque es tan difícil vencer una adicción, y porque no sólo se trata de la buena intención o fuerza de voluntad a la hora de querer dejar de consumir o curarse.

El cerebro cambia de morfología con la adicción y es difícil que vuelva a su estado normal. Las sustancias adictivas tienen la capacidad de dañar áreas cerebrales relacionadas con la supervivencia del individuo. Hay sistemas biológicos, circuitos cerebrales, que generan recompensa en relación a comportamientos sanos, que motiva a repetir esos comportamientos. Ante comportamientos que ponen en peligro al individuo, el cerebro reacciona con miedo o alarma para alejarse de la fuente de peligro. 

Las pruebas de imagen cerebrales de personas con adicciones muestran menos actividad en la corteza frontal, área relacionada con el control de impulsos y toma de decisiones. 

Durante el proceso de adicción, las conexiones cerebrales se alteran. Las sustancias adictivas “enganchan” circuitos de recompensa/ placer del cerebro para que quiera más y altera los circuitos emocionales que activan la sensación de peligro, reduciendo la conciencia del riesgo e induciendo a la persona a tomar decisiones incorrectas.  Además, estas sustancias, una vez que modifican la “forma del cerebro”, provocan ansiedad y estrés cuando no se consumen.

La posibilidad de ser adicto a sustancias depende de varios factores. Hay genes asociados a las diferentes formas de adicción y se sabe que a menor edad de inicio de consumo, aumentan las posibilidades de tener un trastorno.  Se deben tener en cuenta también factores del entorno como haber crecido en un ambiente con excesivo consumo de alcohol u otras sustancias, estar expuesto a niveles altos de estrés,…

En la adolescencia se es más vulnerable al riesgo de adicción porque las áreas frontales del cerebro, que ayudan a controlar impulsos y evaluar riesgos, aún no están desarrolladas del todo y los circuitos cerebrales relacionados con el placer y la recompensa funcionan a mayor velocidad, lo que hace que el consumo de sustancias sea más tentador y gratificante.

En la actualidad, el tratamiento de las adicciones se basa en terapias de conducta, pero a pesar de sus beneficios el riesgo de recaída siempre está presente.

Está probado que algunos hábitos o costumbres pueden disminuir el riesgo como por ejemplo hacer ejercicio físico, actividades al aire libre o tener hobbies que nos generen bienestar. 

Ana Laura Fernández Perone
Neuropediatra en el Hospital Quirónsalud de Madrid

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